Erase una vez un labrador, llamado Antolín, al que le gustaba burlarse de los animales, un día provocaba a un conejo, al otro a un perro, solía tocarles el rabo, tirarles alguna piedra o trozo de fruta y hacerles aspavientos provocadores. Creía que los animales estaban para su diversión y ser objeto de sus burlas, y así actuaba.
Antolín un día camino de sus labores en el campo se cruzo con un toro, empezó a bufarle, a agitar un trapo y a citar al astado. Este noble animal entraba al trapo, lanzandose a la carrera sobre Antolín, pero Antolín nada más verle correr hacia él se subía a un árbol. Y así un día tras otro.
Más tarde Antolín se cruzó con una Zorra y, como cada vez que se encontraba con un animal empezó a provocarla, la zorra levantó la mirada, lanzo una mirada sibilina y se quedó allí aguantando los gritos y provocaciones de Antolín sin hacer aparente caso.
Todos los días se repetía lo mismo, Antolín primero se encontraba con el toro, le provocaba y para cuando éste se lanzaba a por él Antolín ya había encontrado refugio, posteriormente se cruzaba con la Zorra que, aparentemente molesta parecía ignorar, quieta y en silencio las bravuconadas del labrador.
Un día, Antolín después de observar a lo largo de semanas el comportamiento de ambos animales, decidìó que tenía que matarlos a los dos, y así cogió un capote y una Espada y se lanzó a por el toro.
Éste como siempre se lanzó a por él con los cuernos por delante, Antolín que ya conocía como embestía el animal le clavó la espada dándole muerte, y asi fue como Antolín mató al toro Mou, un toro bravo, noble y leal, pero que no había sabido hacerle frente de una forma más inteligente.
Tras matar al toro, Antolín cogió su escopeta y se encaminó a matar a la zorra, sabía que sería muy fácil matarla porque siempre permanecía quieta en el mismo sitio esperando a que él se cansase de molestarla. Cuando llegó a la zorra y ésta vio la escopeta, la zorra se lanzó a la carrera huyendo de Antolín, éste la persiguió pero pronto la perdió de vista. Cuando Antolín se iba a dar media vuelta para volver a casa sintió un fuerte golpe, de pronto se encontró tumbado, la zorra le había atacado por la espalda y le estaba mordiendo, y al final sin poder hacer nada para defenderse, el labrador Antolín murió a manos de la zorra Guardiola.
Moraleja: En la lucha contra el enemigo, tan importante es la fuerza y el valor del toro, como el engaño y la aparente cobardía de una zorra, solo combinando las cualidades de un toro y de una zorra en el momento preciso, podrás vencer al enemigo.
Colorín colorado, ésta entrada se ha acabado.

