Le habían llamado, a él, a un auténtico profesional para hacerse cargo de aquel vil individuo que se empeñaba en mantener la boca cerrada, antes de entrar por la puerta sonrió satisfecho pensando en lo inútiles que podían llegar a ser los "chicos". No dejaban de ser unos novatos a su lado.
Cuando entró en aquella húmeda sala solo vió una mesa, a aquel sujeto atado a una silla y alumbrando su blanquecina cara un flexo herrumbroso.
Caminó despacio hasta situarse al lado de aquel gusano y le susurró al oido.
-¿No vas a hablar, verdad?
El individuo mantenía la boca cerrada al igual que sus ojos..
Nuestro profesional se encendió un puro y, con parsimonia, lanzó una bocanada de espeso humo al rostro del personaje que osaba retarle.
-¿Ni siquiera toses?
El silencio se mantenía en aquella sala solo roto por algún ratón esquivo.
-Bien, asi que no ha funcionado cortarte una oreja, pegarte, quemarte, ahogarte, amenazarte con acabar contigo y los tuyos... nada, no ha funcionado nada, o eso me han dicho.
Silencio.
-Sabes lo que creo, que has estado en manos de inútiles que no saben hacer bien su trabajo, pero yo se como hacerte hablar, no necesito ni cinco minutos contigo. Basura inmunda.
Una sonrisa apareció en la comisura de los labios de aquel atrevido insolente, nuestro profesional respondió con una bofetada. Pero la sonrisa se mantenía en aquel rostro.
-Así que te ries, bien, de momento vas a sentarte en esa esquinita, ven aqui basura.
Levantó a aquel osado arrastrándole por el pelo hasta aquella esquinita, tirándole contra la pared.
-Asi que no pintas nada en esta esquinita. ¿Verdad?
Más silencio.
-Bien, ya se lo que piensas, piensas que te voy a pegar, torturar y que no conseguiré sacarte nada porque te has acostumbrado al dolor. ¿Y sabes qué? Estás en lo cierto
Una mirada inquisitiva apareció en el rostro del prisionero.
Nuestro profesional sacó algo del bolsillo de su chaqueta, lentamente, como recreandose, era una miniatura de un coche, al parecer un Audi.
-¿Sabes lo que es esto? ¿No te dice nada?
El sujeto abrió la boca, pero permanecía en su terco silencio.
Entonces nuestro profesional volvió a sacar algo del bolsillo, con la misma lentitud, pero esta vez era un pequeño trozo de papel que plantó delante de los ojos del vil sujeto que se resistía a hablar.
-¿Y ahora tampoco vas a hablar?
-El individuo miró a su torturador a los ojos, y esté vio por primera vez el miedo en ellos, como habia imaginado estaba en lo cierto, solo le faltaba rematar.
-Si amigo mío, sí, es real, esta clasificación es real. A 7 PUNTOS. Y ahora dime. ¿Vas a seguir en silencio o vas a hablar de una vez?
El torturado tragó saliva, bajo la vista, pero no habían pasado ni cinco segundos cuando levantó la mirada y mirando fijamente a los ojos de su captor exclamó por primera vez desde que estaba en aquella prisión.
-Rajoyrato. Volveis a robarnos, a ser el equipo del gobierno, como siempre.
Nuestro profesional sonrió, mostrando sus relucientes dientes blancos a su presa. Ya tenía lo que quería y sin apenas mancharse las manos.
-Ya sabía que hablarías, gusano. Y le pegó un pisotón en la mano derecha.
Su prisionero se quedó revolcandose por el suelo, gritando de dolor, aún cuando ni siquiera le había pisado bien, pero no importaba, nuestro profesional ya sobraba allí, fue hasta la puerta para marcharse, satisfecho, había hecho su trabajo, una vez más, como siempre.





